Cada año, cada curso escolar, las escuelas se preparan para recibir a sus alumnos. Para ayudarles, cada día, en la adquisición de conocimientos y habilidades que los prepararán para el futuro. Pero este aprendizaje no se detiene en el estudio de las distintas materias y sus contenidos teóricos. Hace tiempo que la educación emocional está cobrando más protagonismo en las aulas para fomentar un desarrollo integral en los niños. En este artículo te explicamos qué es, por qué importa, y te mostramos cómo la trabajamos en las Aulas de Bienestar.
Educación emocional: ¿qué es?
La educación emocional es un aprendizaje que desarrollamos durante toda nuestra vida. Este nos permite adquirir, desde la primera infancia, competencias emocionales a través de nuestras experiencias vitales. Dar a los niños los recursos para atender a este aprendizaje de forma sostenida y guiada, es empoderarlos.
Las emociones son una base emocional del bienestar personal y social de cualquier persona. Y, además, influyen enormemente en nuestro día a día, a través de: las decisiones que tomamos, lo que aprendemos, nuestra relación con los que nos rodean, y la gestión de conflictos.
El acompañamiento docente en la educación emocional infantil es una gran oportunidad para potenciar este desarrollo. Y es especialmente necesario en contextos en los que los niños viven situaciones de exclusión u otras dinámicas negativas relacionadas con la inestabilidad y las carencias afectivas.
¿Por qué son importantes la educación y el bienestar emocional infantil?
Los niños están en continuo aprendizaje a lo largo del día y en todos los espacios que habitan. Los aprendizajes que se dan fuera de la escuela pueden ser de distinta naturaleza, pero no permiten el acompañamiento que podemos facilitar en la escuela.
Así, proyectos como las Aulas de Bienestar, permiten a los docentes prestar una atención más centrada en el análisis y la adquisición de competencias emocionales. Esta atención brinda recursos, estrategias de vida, una mejor convivencia, la prevención de tendencias destructivas y el fomento de las positivas.
Los objetivos que nos marcamos en las Aulas de Bienestar son los siguientes:
- Conocer las propias emociones
- Identificar las emociones de otros
- Trabajar la regulación emocional
- Prevenir efectos nocivos de las emociones negativas
- Desarrollar habilidades para generar emociones positivas
- Adoptar actitudes más positivas
Estos objetivos nos dan una base muy sólida para responder a las necesidades que con más frecuencia se presentan en los alumnos:
- Respuesta ante conflictos
- Salud mental
- Convivencia
- Autoconocimiento
- Compañerismo
- Reducir el fracaso escolar
- Potenciar el aprendizaje y el bienestar
Los niños con una buena educación emocional cuentan con una mayor capacidad de reflexión, se enfrentan a los conflictos de forma constructiva, desarrollan mejor la empatía, procesan mejor la frustración, y tienen una mayor adaptabilidad.
Desarrollo emocional en las aulas
En las Aulas de Bienestar trabajamos los objetivos de educación emocional mediante intervenciones individuales y en grupos reducidos o en clase. Ello nos permite trabajar las distintas competencias emocionales en diversos entornos y con distintos grados de acompañamiento y atención.
Además, el trabajo siempre se lleva a cabo o se complementa mediante actividades artísticas, culturales y otras iniciativas que permiten a los alumnos implicarse más activamente en el clima de convivencia del centro.
En el aula de arte los alumnos tienen la oportunidad de expresarse libremente y dar rienda suelta a sus ideas. Mediante el arte aprenden a resolver problemas de forma creativa, sin juicios y dando valor al proceso. Se trata de estimular su autoestima, flexibilidad, respeto y elaboración artística sin un fin estético.
Las actividades culturales proporcionan el espacio perfecto para que las familias participen unidas y se fortalezca el sentimiento de comunidad. Además, también nos ayudan a construir un espacio de aprendizaje en el que se comparten saberes y todo el apoyo necesario.
Por último, iniciativas como la del alumnado-mediador consiguen que los alumnos adquieran un conocimiento más profundo sobre convivencia. Estos niños y niñas se implican como mediadores en la resolución de conflictos del aula, contribuyendo al mantenimiento de un ambiente positivo a la vez que desarrollan sus propias competencias.
